Aliados y adversarios de Estados Unidos habían puesto sus esperanzas en el vicepresidente JD Vance para intentar encontrar una salida a un conflicto que ha trastornado la economía mundial.
Habían pasado más de 16 horas seguidas de reuniones a puerta cerrada, que se prolongaron hasta la madrugada del domingo, cuando el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, entró en un ornamentado salón de Pakistán y dejó escapar un suspiro. Cuando llegó al atril para hablar con la prensa, hizo una mueca.
