“Estas plantas pueden matar”, reza el letrero en la verja de hierro negro y, para enfatizar, lleva una calavera con huesos cruzados.
La advertencia no es una broma: el terreno cercado tras estas rejas es el jardín más letal del mundo. Y está abierto al público.
Está en el extremo noreste de Inglaterra, en los terrenos del castillo de Alnwick, la residencia ancestral de los duques de Northumberland.
