Con una comunidad apasionada, decenas de escuelas y competencias internacionales, la metrópoli turca hoy figura entre las ciudades imprescindibles para los amantes de este baile.
Se miraron fijamente a los ojos, él rígido como un soldado con su traje de doble botonadura, ella escultural con su vestido de lentejuelas. La música comenzó, con las cuerdas convirtiéndose en una balada de tango clásica llena de pasión nostálgica.
Ella le rodeó el cuello con un brazo, él le puso una mano en la espalda y entonces, los bailarines turcos, Ozan y Tugce Buyukakincioglu, se movieron al unísono por la pista de un salón de baile de Estambul.