Se suponía que una nueva ley ayudaría a reducir las condenas de las sobrevivientes de la violencia doméstica, pero la mayoría sigue tras las rejas.

Lisa Rae Moss —quien cumple cadena perpetua por su implicación en el asesinato de su marido, Mike Moss, ocurrido en 1990— estaba sentada en el estrado de un juzgado de Seminole, Oklahoma, en una gélida mañana de enero de 2025, con las manos entrelazadas sobre el regazo. A Moss, de 60 años, se le pidió que contara lo que había sufrido a los 20, durante su matrimonio con un hombre inestable una decena de años mayor que ella. Su largo pelo plateado y sus gafas, proporcionadas por la prisión, acentuaban los años que la separaban de su yo más joven.