Ana viajaba con su hermana y con su perro en uno de los trenes accidentados el domingo por la noche en la peor tragedia ferroviaria de España en más de una década.
“Algunas personas estaban bien y otras muy mal. Y las teníamos delante, estábamos viendo cómo morían pero no podíamos hacer nada”, le dijo a la agencia de noticias Reuters con una herida visible en la cara, mientras cojeaba en la entrada al hospital.
