
Un simple fallo informático ha terminado por iluminar uno de los engranajes más opacos del comercio energético global. Lo que parecía un detalle técnico -un servidor de correo compartido- ha permitido destapar una estructura que habría canalizado al menos 90.000 millones de dólares en exportaciones de crudo ruso, un flujo que resulta esencial para sostener la maquinaria financiera del Kremlin en plena guerra en Ucrania.
